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miércoles, 8 de noviembre de 2017

Colossus, un ordenador vital para derrotar a Hitler


Pocas personas sabrán que el objetivo con el que se inventaron los ordenadores fue el de ganar la II Guerra Mundial. Los primeros ordenadores eran máquinas gigantescas que ocupaban habitaciones enteras y tenían que ser gestionados por un ejército de personas, ya que las válvulas de vacío tenían que ser cambiadas con frecuencia.

El 1 de junio de 1944, en plena operación para preparar el desembarco en Normandía, las fuerzas aliadas recibieron la confirmación de que una de sus estrategias había dado resultado: Hitler y sus altos mandos estaba convencidos de que el verdadero ataque entraría por Calais y que lo de Normandía era solo una distracción. Esto dio a los aliados una ventaja estratégica decisiva.

Aquello fue un éxito del espionaje que nunca habría tenido lugar si no hubiese sido por Colossus, el primer ordenador electrónico, que permitió al ejército británico interceptar las comunicaciones entre Hitler y sus generales y contribuyó así a vencer a las fuerzas alemanas.

Setenta y tres años después de su primera interceptación oficial a principios de febrero de 1944. Su existencia, sin embargo, tardó tres décadas en salir a la luz. En los años de la Guerra Fría, nadie quiso reconocer que había espiado a las altas esferas.

Fue a principios de los años 40 cuando se registraron en el sur de Inglaterra las primeras transmisiones alemanas cifradas por la máquina Lorenz. La máquina estaba reservada para los mensajes entre los más altos niveles del ejército germano, y su complejidad era enorme. Las unidades de combate utilizaban otro dispositivo de codificación distinto, la famosa máquina Enigma.

Este sistema de codificación era totalmente diferente, y la inteligencia británica necesitaba encontrar una nueva forma de enfocar el trabajo de descifrado. Meses después, gracias a un error cometido por un operador alemán, un coronel inglés llamado John Tiltman, logró decodificar uno de esos mensajes. Utilizando su transcripción fue posible deducir toda la estructura de la máquina. Una unidad comenzó a trabajar en esta tarea, descifrando códigos a mano.

Pero este proceso era demasiado lento, y algunos matemáticos aseguraban que muchos de estos procesos de desencriptación podían ser automatizados.

Fue un ingeniero electrónico de la oficina de correos británica, llamado Tommy Flowers, quien diseñó y creó Colossus. Su construcción y existencia se mantuvieron en secreto durante la guerra e incluso muchos años después. Los ingenieros que la crearon y utilizaron no podían contárselo ni siquiera a sus familias, cuentan en el documental Colossus: creando un gigante.

La máquina Lorenz constaba de 12 ruedas que codificaban los mensajes variando su posición. Lo que Colossus hacía era determinar en pocas horas las posiciones de partida en las que había empezado a funcionar la Lorenz al enviar los mensajes, algo que antes requería de seis a ocho semanas. Esto facilitaba la tarea de adjudicar a cada parte del mensaje su carácter correspondiente, acelerando la tarea de descifrar decenas de mensajes en poco tiempo.

Su capacidad de procesamiento era enorme: hasta 5.000 caracteres por segundo. Hacia el final de la guerra, se estima que Colossus había descifrado unos 63 millones de caracteres en mensajes codificados, y en algunas ocasiones los aliados pudieron leer los mensajes antes incluso que sus receptores gracias a la eficiencia del ordenador. Algunas de esas transmisiones habían sido enviadas por Hitler.

El propio Churchill reconoció que la guerra duró dos años menos de lo que habría podido durar gracias a que rompieron los códigos del alto mando alemán.

Según el Museo Nacional de Computación inglés, las dimensiones de este ordenador eran colosales. Medía dos metros de alto, cinco de ancho y tres de profundidad. Pesaba cinco toneladas y necesitaba ocho kW de potencia para funcionar y estaba equipado con 2.500 válvulas. En total, 7 kilómetros de cables recorrían toda la máquina.

En los años del conflicto, llegaron a existir en Reino Unido hasta diez ordenadores Colossus, pero ocho de ellos fueron destruidos al terminar la contienda. Las autoridades no querían que su existencia saliese a la luz. Dos siguieron utilizándose durante la Guerra Fría por parte de los servicios de inteligencia británicos. Los planos para su construcción fueron destruidos, algunos por parte del propio Flowers.

Pero en 1994 un equipo decidió comenzar la reconstrucción del Colossus. Gracias a algunos diagramas conservados por los ingenieros que participaron en su construcción y que aún viven, y a algunas fotografías tomadas durante los años de la guerra, el proyecto tenía por donde empezar.

El resultado se hizo esperar más de diez años: en noviembre de 2007, el Museo Nacional de Computación desveló el Colossus Mark II, plenamente operativo, aunque cinco veces más rápido y más simple de utilizar. Sin embargo, su principal misión ya no es la de decodificar mensajes en tiempos de guerra, sino la de servir como recordatorio y homenaje al importante papel que jugó su original en la victoria contra las tropas de Hitler.

Imagen de la máquina Lorenz:


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